

Cuando te alejas de tu ciudad natal tu cabeza se aferra a lo favorito. Y el hilo rojo que no se corta es verde.
Volver a Rosario es volver al club que es mi familia y mi casa.
Porque la infancia no se termina de ir nunca cuando fue tan inmensa.
Porque la vida es un ida y vuelta.
Y hoy somos, los que sin darnos cuenta, acá crecimos.
Afortunados los que vivimos los 90 en Rowing.
Los campamentos, los cruces del río, la valentía del osado que se animaba a currarle piletas a Gaby y ¡ay! Si te descubría… nos vimos.
Las fiestas de disfraces, los carnavales entre los ranchos con nuestros viejos siendo otra vez, niños. Adrianita y Amadeo. Los torneos de minivoley con el negro Pagnucco poniendo el corazón y el cuerpo y las tortas de nuestras madres endulzando kioscos improvisados que vendían x un peso una porción de torta y un vaso de coca cola bien frío.
Afortunados los que construimos chozas en espigones recién nacidos.
Los que viajamos con Totino.
Los que pasamos días del niño remando en botecitos en una cancha de voley-de fútbol que se había convertido en río.
Afortunadas las que bailamos con Dani y con Jose y nos pusimos nerviosas y nos enfundamos en lycra verde y blanca y bailamos “levantando las manos” hasta el hartazgo, hasta que dejaron de entrarnos los enteritos.
Afortunados los que gritaron goles con el Francés. Las que viajaban por los clubes a alentar a sus amigos. Los que compusieron canciones a una cancha de fútbol y la volvieron un himno.
Las que tuvieron la suerte de tener una Susy que es la reina del amor y la paciencia y el toke a 25 centavos y el sachecito de sedal que perfumaba el pelo, por el cloro desteñido.
Los que fuimos retados por Longhi, escuchamos las historias del Duby, pescamos palometas en la planchada y pececitos con vasitos. Los que jugamos al tiki mani, vivimos hamburgueseadas, fundamos la nona disco y volvimos tarimas bolicheras las mesas de algarrobo de los ranchos y hasta algún beso a escondidas, nos dimos.
Todos y todas las que tuvimos la suerte de estar en esa nunca nos fuimos.
Porque es imposible irse de lo favorito.
Porque ahora los que van creciendo por ahí, son nuestros hijos. Son los hijos de nuestros amigos que nos hicieron tíos.
Somos nosotros que del club no nos vamos porque la magia nos deja volver a ser los niños que fuimos.